
Cada 8 de marzo es más o menos igual. Los mensajes por WhatsApp que felicitan a la mujer, con suerte la postal o la flor en algún centro laboral. La felicitación en general, desde lo comercial, desde el marketing que se le ha hecho a esta fecha. Alguna conocida por la calle te dice «felicidades», algún compañero de trabajo repite la fórmula.
Pareciera que eso es suficiente para apoyar o ser parte de la causa por los derechos de la mujer. O peor aún: con una breve felicitación simplifican todos estos años de lucha constante que llevamos y los que nos faltan. Se da por sentado en muchas ocasiones que ya logramos la equidad necesaria. ¡Y no! La sociedad en la que vivimos sigue siendo profundamente patriarcal. Se sigue matando por cuestiones de género a muchas mujeres cada año. Se siguen reproduciendo, detrás de las puertas de casa, patrones aprendidos de violencia de género. Se siguen imponiendo roles y estereotipos.
Hoy la mujer sale y trabaja y cobra lo mismo que el hombre, por una misma labor, sí, pero los trabajos con mejores facilidades de pago siguen siendo de acceso más fácil para hombres. Luego ella misma regresa a casa cansada y le toca, por lo general, hacer todas las tareas del hogar, las del cuidado. Pudiéramos hablar del acoso laboral, del acoso callejero, del piropo, del trabajo doméstico no remunerado, de la violencia gineco-obstétrica. Podría extenderse este post muchísimo, mas no hace falta.
Es solo un recordatorio de que hoy no es un día para felicitar, sino para recordar todo lo que nos falta, porque la lucha contra el patriarcado —que se manifiesta sin distinción de género— es todavía necesaria, es todavía prioridad.
Mientras en el mundo existan las cadenas que nos atan, mientras continúe la violencia estructural, vivas y sin miedo nos queremos.
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