Por Odalys M. Sánchez Méndez
El 19 de mayo de 1895 es una página triste de la historia patria. La caída de José Martí fue un golpe muy duro para esa guerra necesaria y para el Partido Revolucionario Cubano, que había logrado la unidad en torno a la lucha contra la metrópoli española.
Siempre insisto en un concepto martiano que hoy tiene mucha vigencia: defender la patria, ser antiimperialista, no aceptar coloniaje alguno. Tiene que ver con ese sentido de que la patria va primero, y con la certidumbre de que los patriotas protagonizarían una guerra sin odios, solo dirigida al gobierno imperial que los despreciaba.
Esa visión martiana hay que traerla a estos tiempos y comprender que no es el pueblo norteamericano, sino el gobierno de ese país, el que pretende acabar con Cuba mediante las amenazas, el recrudecimiento del bloqueo y todas esas crisis que nosotros sabemos que existen.
Hay otro sentido martiano que para mí es muy importante. ¿Por qué Martí viene a Cuba? ¿Por qué se arriesga a perder la vida y no se queda cómodamente en Nueva York, a la espera de que los militares hagan su parte para que él sea el primer presidente de la república? Porque el ejemplo es lo que arrastra. Si yo convoco, si yo digo, si estoy convencida de que hay que hacer algo, tengo que ser la primera en cumplir. Si no va con la palabra la conducta, nada se logra.
En estos tiempos tenemos que mirarnos mucho por dentro. Cuando digo «hay que hacer», tengo que ser la primera en estarlo haciendo para que los demás lo hagan.
Martí es para mí un referente de moral y de ética. Es una luz que no cesa nunca de alumbrarnos. Es la mano apretada que nos salva en ese afecto de calor humano para seguir creyendo, para seguir haciendo.
Martí es nuestro héroe nacional, y eso tiene un simbolismo extraordinario. El ser héroe: ¿por qué? ¿para qué? ¿por quiénes?
Él, en su época, dio todo por Cuba y por los cubanos. Hoy nosotros tenemos que hacer lo mismo, y pensar entonces qué me toca como deber, qué me toca como responsabilidad, cuál es el lugar que tengo que ocupar. Y sobre todo, respetar mucho a nuestros semejantes.
Puede haber polémica, pero con argumentos hay que dar un razonamiento lógico. He dicho «razonamiento» más que «convencimiento», porque convencer está también en la actitud que yo adopto, tanto en mi vida privada como pública, en función del bien de los demás.
Martí cayó en Dos Ríos. Pero los cubanos que hoy defendemos la patria, que no aceptamos coloniaje, que ponemos el ejemplo antes que la palabra, somos su continuación. Porque Martí no es un cadáver al que se le rinde culto, sino una fuerza que no desaparecerá mientras haya quienes actúen como él.




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